11ª Muestra SyFy de Cine Fantástico (I)

Madrid acoge la decimoprimera edición de la Muestra SyFy de Cine Fantástico que sigue creciendo en interés y afluencia de público combinando clásicos, esperados estrenos exclusivos y el cine más trash. Este año la Muestra fue inaugurada por la precuela de la popular 300, El origen de un imperio que llegaba a salas este mismo fin de semana. De ella y de otros esperados títulos del terror más angustioso os hablamos en la primera entrega de nuestra cobertura especial.




La 11ª edición de la Muestra SyFy de Cine Fantástico de Madrid, que se está celebrando desde el 6 hasta el 9 de Marzo en los Cines Callao, ha venido precedida por la polémica. En primer lugar, por la limitación de acreditaciones de prensa para medios (se solicitaron casi el doble de las que podían conceder), debido, según explicaron, a falta de aforo. Como sabemos, hace tres años decidió trasladarse su habitual situación en el Cine Palafox (localización que los habituales seguidores del evento consideran mejor que la actual) al Cine Callao, con menor número de butacas. Por otro lado, también ha sido llamativa la alta subida de precios de los abonos, de 25 euros el año pasado, a 40 éste. Sin embargo, finalmente la afluencia está siendo la misma que otras ocasiones, con llenos absolutos en casi todas las sesiones y el ambiente festivo típico, animado por la ya habitual maestra de ceremonias, Leticia Dolera. En esta edición, entre estrenos y largometrajes actuales, tendrán lugar dos eventos, ambos hoy domingo 9: por un lado, la proyección de The Day of the Doctor, el capítulo especial para conmemorar el 50 aniversario de la serie de televisión británica Doctor Who. Y por otro lado, la Sesión Phenomena, en la que se pueden ver dos clásicos de la ciencia ficción, que en esta ocasión serán La mosca de David Cronenberg (1986) y Depredador de John McTiernan (1987).



La inauguración de la Muestra corrió a cargo de un preestreno comercial, que este año era 300: el origen de un imperio, la nueva versión de otro cómic (inacabado) de Frank Miller que narra los acontecimientos paralelos que ocurrieron en la primera, desde el punto de vista de los atenienses. La película venía precedida de la proyección de Aningaaq de Jonás Cuarón, hijo de Alfonso Cuarón y coguionista de Gravity, que nos muestra la conversación que el personaje de Sandra Bullock mantiene en la película con un pescador inuita, vista desde el lado de él. Un momento anecdótico que no aporta nada a la película, y que cinematográficamente tiene un interés muy escaso, pareciendo más sketch de broma que un cortometraje serio. Con respecto a 300: el origen de un imperio, aunque no está realizada de nuevo por Zack Snyder, su mano desde la producción se aprecia en todo momento. El director Noam Murro se limita a hacer de buen copista de Snyder, anulando cualquier tipo de personalidad propia. De modo que estamos ante una cinta de estilo videoclipero, ritmo de videojuego, que se recrea en los chorretones de sangre en 3D y cámara lenta, con una agresiva fotografía digital y la atronadora música de Junkie XL (que tiene algún tema muy destacable). Posee sin duda escenas impresionantes, pero según avanza, Murro se va encontrando falto de recursos, repitiendo una y otra vez los mismos efectos, e introduciendo flashbacks tanto de la misma película como de la anterior. Pero quizás el principal problema de este nuevo enfoque frente a su predecesora sea la falta de la empatía que despertaba la historia anterior. A Sullivan Stapleton le falta todo el carisma que posee Gerard Butler, y el resto de personajes que le rodean son puramente anecdóticos. Es la parte femenina del reparto por tanto la que sale ganando, destacando a una inmensa Eva Green como Artemisa, el personaje más interesante de la película, y la breve pero intensa presencia de Lena Headey. A 300: El origen de un imperio le cuesta llegar a la épica, pero cuando lo hace, es un producto de entretenimiento mecánico pero de lo más loable, que puede contentar a aquellos que disfrutaron con la primera.

De psicópatas y caníbales




El viernes 7, una jornada ya de por sí muy intensa, en la que se proyectaron cinco largometrajes y dos cortos, empezó de manera potente con Maniac, el crudo y oscuro remake del slasher homónimo de 1980 sobre un psicópata que sólo mantiene relaciones con sus maniquíes. Dirigida por el francés Franck Khalfoun y coescrita por Alexandre Aja, una de las figuras más representativas del cine de terror actual, esta nueva versión no sólo consigue tener personalidad propia, sino que se trata de uno de los thrillers más perturbadores que se han podido ver en los últimos años. A ello contribuye la terrorífica interpretación de Elijah Wood, escalofriante sólo con su voz. Y es que aquí nos encontramos con la mayor peculiaridad de la película: está narrada todo el tiempo (salvo un par de momentos bastante virtuosos) desde un punto de vista de subjetivo. No tanto como un found footage, sino situando al espectador en la posición del asesino, viendo la película exclusivamente a través de sus ojos. Maniac funciona como homenaje al cine de género de los 80 (atención especial a la enérgica banda sonora electrónica del músico Rob), pero también como ejercicio de estilo actual, sin dejar escatimar en brutalidad.



Si comentábamos que Maniac no es un found footage al uso, todo lo contrario podemos decir de la siguiente película que se proyectó, la holandesa Frankenstein’s Army, que sigue rigurosamente las normas del género al estilo de un falso documental. Su originalidad reside en estar ambientada en la Segunda Guerra Mundial. Un batallón ruso encontrará en un pueblo alemán un laboratorio en el que un científico loco está llevando a cabo una serie de experimentos para crear un ejército de súper-soldados, mitad personas, mitad armas. La intención de la película es crear tensión e inquietud, a la manera en la que lo hacía El proyecto de la bruja de Blair (1999). La ópera prima de Richard Raaphorst sin embargo adolece de los problemas y las limitaciones que suelen caracterizar a este tipo de producciones: si realmente se tratara de un documental, va contra toda lógica que en muchas ocasiones continúen grabando, o que la cámara resista todos los ataques que sufre. Además, en un momento dado empieza a tomarse libertades, como la introducción de sonido extradiegético. Por otro lado, su locura argumental, que al principio le da un aspecto pesadillesco muy acertado, acaba tornándose demasiado excesiva, acabando por ser un festín gore que, lo peor de todo, se hace aburrido.



Y si hablamos de películas que van perdiendo el rumbo según avanzan, lo mismo le ocurre, aunque en menor medida, a la tercera película que se pudo ver, We are what we are, de Jim Mickle. El remake de la película mexicana Somos lo que hay (2010) trata un escabroso tema como el del canibalismo mediante una puesta en escena elegante y pausada. Con una desequilibrada familia en el centro de la acción que recuerda a la de Canino de Giorgios Lanthimos (2010), la película se toma mucho tiempo para entrar en situación, sin salidas de tono ni sobresaltos innecesarios, además de unas convincentes interpretaciones por parte de la mayoría del reparto. Pero, una vez develada toda la historia, parece no saber por dónde seguir yendo ni cómo terminar. De modo que acaba perdiendo toda la sutileza, resultando ser una perfecta continuación de una sesión plagada de vísceras, cabezas abiertas y miembros amputados.

El segundo artículo de la Muestra estará dedicado las dos películas más esperadas de la misma, Snowpiercer y Coherence. También haremos un comentario general de las demás películas proyectadas, y una comparación entre las versiones de Disney y de Christophe Gans de La bella y la Bestia, ambas también presentes en la Muestra. Mientras, esperamos que disfrutéis de lo que queda.

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